lunes, 25 de junio de 2012

LAS CRUCESDE PIEDRA. ANTONIO CRUJERA


UNA VIEJA TRADICIÓN EN ESTEPA: "LAS CRUCES DE PIEDRA"


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Bandoleros y contrabandistas cruzando
peligrosos y ocultos senderos en los
riscos de las sierras
Desde tiempos muy remotos existió en Estepa, su Comarca y provincias limítrofes, el fenómeno delictivo del bandolerismo.
La pobreza y la rebeldía de las gentes ante ella, el elevado índice de incultura en la población, el resentimiento del más débil hacia el más poderoso, las desigualdades e injusticias sociales, el inconformismo y una serie de motivos de esta naturaleza, fueron la causa de que por nuestra zona de Estepa proliferaran los maleantes, estraperlistas, extorsionadores, secuestradores, ladrones, cuatreros, huidos de la justicia por crímenes cometidos etc. etc.

Jinetes haciendo una escenificación de cómo debieron ser
las "Partidas de bandoleros", que cabalgando asolaban
los caminos y campos andaluces, cometiendo sus delitos
Todas estas gentes de azarosa y mala vida, para hacerse más fuertes, temidos y seguros, se unían en grupos de caballistas armados y bien pertrechados para delinquir, vivir en sus guaridas de las serranías y plantar cara a las fuerzas del orden que los perseguía.
Dichos grupos eran conocidos con el nombre de "Partidas", como así dice una copla dedicada a José María Hinojosa, "El Tempranillo"…

Por la Sierra Morena
Va una "partía",
Y al capitán le llaman,
José María

Al frente de esta especie de patrullas iba siempre un jefe al que ellos obedecían llamándole capitán o comandante. Las "partías" estaban compuestos en mayor o menor número por individuos que se agregaban, y muchos de ellos evadidos de la acción de la justicia; por haber cometido algún crimen, razón por la cual se convertían en bandoleros muy buscados por estas tierras y otras, principalmente de Andalucía.
Grabado del asalto de los bandoleros a una diligencia,
en los abruptos caminos de las serranías andaluzas
Ese bandidaje ejercido por unos sujetos de malos instintos y peor calaña, que casi siempre perpetraban sus crímenes sin piedad, y que a nada ni a nadie temían, dio lugar a la comisión de no pocos actos delictivos en los caminos de nuestra tierra y en los alrededores de la entonces villa de Estepa y otros pueblos: atracos a caminantes y carruajes de viajeros, secuestros, extorsión, asesinatos por robo, por viejas rencillas o ajustes de cuentas pendientes… en fin, que los caminos y sendas de los parajes cercanos a Estepa, se convirtieron en lugares poco seguros y muy peligrosos para transitar por ellos, aun con escolta.
Trabuco
Fueron muchas las personas que por causa de estos delitos, en dichas veredas y cruces de caminos perdieron la vida a manos de tales bandidos, que armados de pistolas ("perrillos"), grandes y aterradoras navajas ("facas") que portaban en la faja,  o temibles armas de fuego como los  "trabucos", cometían sus violentas acciones de atracos y terribles asesinatos.
Cruz de piedra situada en el que hace siglos era el camino 
de entrada desde Sevilla a Estepa, y hoy es el que va 
al manantial de Roya
En muchas ocasiones, y si los familiares de las desgraciadas víctimas eran "pudientes", encargaban a los canteros o picapedreros estepeños, el trabajo de labrar una tosca cruz hecha de piedra caliza, que era luego colocada en el lugar donde se había cometido la muerte violenta del miembro de esa familia.




Esta cruz está situada en la esquina de la calle 
"Cruz de Piedra" y junto a la carretera que va de 
Estepa a la sierra y a Gilena
De esa forma, o por esa causa, los caminos cercanos a Estepa se fueron poblando de dichas cruces de piedra de austera factura, que venían a perpetuar en la memoria de todos los que junto a ellas transitaban: vecinos, arrieros, pastores, caminantes y viajeros, el triste recuerdo del asesinato de una persona. Y para eso, señalando el lugar, allí estaba la "Cruz de piedra", y aún siguen estando las pocas que ya existen, pues algunas de ellas, han sido destruidas por la bárbara acción de la mano de algún individuo, o quitadas del lugar donde un lejano día fueron colocadas para dar testimonio con su estática presencia, de la barbarie de algunos hombres, cometida contra otros a los que les fue arrebatada la vida.
Habiendo conocido la existencia de otra de estas cruces de piedra que nunca había visto, días después de escribir este artículo, hoy domingo 24 de junio fui a buscarla sobre las siete de la tarde con un calor grandísimo, y tras un rato intentando encontrarla, gracias a la  ayuda de un pastor, por fin la hallé. 
Y aquí os la presento.
Abajo, por la parte de la derecha pasa el camino conocido como "La Vereílla Marta", 
al fondo a la izquierda, puede verse Estepa y el Cerro de San Cristóbal.
Esta última cruz cuya foto les muestro más arriba, yo creo que es la más desconocida por los estepeños, a no ser que sean agricultores o ganaderos que suelan pasar habitualmente por aquél lugar tan apartado. Está situada en un barranquillo en la linde de una finca, y por la parte de abajo va un camino conocido con el nombre de "la vereílla Marta", que sale de Estepa, y pasando por el cortijo "los molinos del ciego", y un poco más abajo del Cementerio estepeño, se dirige hacia la sierra de "El Hacho".
Al fondo se ve "El Hacho", sierra situada entre el pueblo
 de Lora de Estepa, y la aldea de La Salada
Dicha cruz posee en toda ella una leyenda grabada: en la parte de arriba  se puede leer "INRI". En el crucero o brazos de la cruz existen letras que no se leen bien, y que pudiera ser información sobre el  difunto a quien se dedicó esta cruz. 
En la parte de abajo se puede leer sin dificultad: "AÑO DE 1781", por lo tanto, lleva puesta allí, 231 años.
Manuel García García, "el mongo", vecino 
de la calle Cruz de Piedra, a sus 77 años, 
todos los días sale a pasear con su perrito, 
y se sienta  un rato a descansar en la 
piedra que sirve de basamento a la cruz.
Él siempre conoció la cruz aquí, 
aunque en la esquina de la otra acera.
Me dijo que en su vida de pastor cabrero,
desde niño, ha andado por mucho caminos 
y ha visto en ellos varias cruces como éstas, 
pero ahora no recuerda bien los lugares
donde se hallan.
" En el camino del Pozo Villar
 había una, -me dijo-, pero unos 
hombres la rompieron, 
y les pusieron una multa por ello".

 
Esta de las "cruces de piedra", es una vieja, muy antigua tradición que afortunadamente, al menos en Estepa se respeta por ahora y ahí siguen desde hace cientos de años, acompañándonos, siendo parte integrante del paisaje, de la fisonomía urbana y rural de nuestra vieja villa: y así deben seguir siendo respetadas -tradición y cruces-, pues muchos viejos del lugar, a lo largo de su vida las han visto desde que eran niños. Generaciones enteras de hombres y mujeres las han conocido a lo largo de su vida, y aunque ellos ya faltan; ahí quedan resistiéndose a desaparecer, sobreviviendo al paso del tiempo las pétreas cruces, dando testimonio, como una crónica escrita y silenciosa para la memoria de la gente; para transmitirnos que están ahí porque son una parte de nuestra historia: negra, nefasta y trágica, sí; pero nuestra, al fin y al cabo.